Las encuestas y su influencia en la elección

No siempre la encuesta es confiable, el ciudadano debe aprender a leerla y saber en cuál creer y cual desechar

Uno de los elementos más recurrentes durante los procesos electorales son las encuestas de intención del voto, herramienta que dista de ser un pronóstico, pero que juega un papel importante que permite conocer la forma en que piensa la población, por supuesto, siempre y cuando se trate de un estudio bien desarrollado.

Sobre el tema, el profesor de posgrados en comunicación de la Universidad Panamericana, Sergio Rodea, resaltó la importancia y el aporte de que existan este tipo de estudios y ya corresponde a la población el saber identificar aquellas que se desarrollan de manera adecuada, de otras que pueden ofrecer datos imprecisos o de resultados inducidos.

De entrada, consideró que no puede asumirse como un pronóstico a menos que la encuesta se levante dos o tres días antes de la elección, – cosa que la ley prohíbe – pues en la mayoría de las ocasiones las respuestas dependerán del estado de ánimo del encuestado y no de un razonamiento a fondo; si tuvo un mal día podría reflejar su molestia hacía el partido que gobierna, mientras que alguien que se siente cómodo, puede asumir que las cosas están bien para él y respondería de manera favorable hacía el grupo político en turno.

Otro punto a considerar «es que en ocasiones la muestra puede estar mal diseñada, se deben elegir al azar desde las secciones, manzanas y distritos, además de que debe haber un numero de encuestas definidas por grupos de edad y sexo de acuerdo a la lista nominal.

Es decir, al momento de abordar a un encuestado, se debe asegurar que se trata de un votante potencial, de lo contrario no es un dato que pueda considerarse válido para la encuesta, pues no será válido para en un ejercicio real de votación, mientras que, si la encuesta se realiza en un solo distrito o colonia, también se cometería un error, pues todo debe ser proporcional y aleatorio.

Algo que ha resultado común en el actual proceso electoral es que los partidos publiquen encuestas con resultados muy distintos entre estas, lo que puede obedecer a que se realizan preguntas inducidas y sesgadas, que son planteadas de tal manera que logran obtener un resultado especifico y no uno real, por lo que para poder confiar en una encuesta, el profesor insiste en que se debe tener acceso a las preguntas que se plantearon, algo que se puede solicitar al Instituto Electoral y de Participación Ciudadana, pues es requisito que quien publica esas encuestas, haga llegar la mencionada información junto con la metodología a la autoridad electoral.

«Las encuestas en la actualidad se están reinventando para ofrecer mejores resultados, y actualmente las más confiables siguen siendo las que se levantan casa por casa, pero por el contexto social la gente cada vez es más renuente a abrir la puerta de su casa, por lo que han predominado las encuestas hibridas» explicó Sergio Rodea, que, en medio de este análisis, dijo que a pesar de todos esos vicios, publicar encuestas abona a una cultura de la evidencia, en donde la gente pueda tener mayor certeza sobre las decisiones que puede tomar, por lo que hay que estar abiertos a las encuestas y consumirlas, pero se deben saber leer.

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