El Zapotillo, 15 años de incertidumbre

Los habitantes de Temacapulin, Acasico y Palmarejo viven con la zozobra de que un día sus pueblos desaparecerán

María y don Jacinto, son una de las parejas más longevas de Acasico, y también forman parte de los 25 vecinos que sobreviven en este pequeño poblado ubicado en el municipio de Mexticacán. El resto de sus habitantes, decidieron marcharse “al otro lado”, para buscar el llamado “sueño americano”; los que se quedaron, viven de la siembra, algunos tienen ganado y otros sólo parcelas para cultivar verduras, frutas, maíz y frijol.

En Temacapulín, la historia es muy similar, ahí parecen vivir en un pueblo fantasma, donde las escuelas están vacías y cerradas a falta de niños, las plazas lucen abandonadas y el centro de salud, ese que debería atender a quienes estén enfermos y más en tiempos de pandemia, se encuentra fuera de servicio, sin personal médico y sin las condiciones necesarias para dar atención.

Palmarejo es un retrato de lo anterior, su pobladores viven bajo circunstancias similares, al ser otro de los poblados que podría inundarse con la llamada Presa El Zapotillo, esa que lleva años causando temor e incertidumbre en los habitantes, que dicen “no saber nada” de lo que pasa en esa construcción.

La mega obra fue anunciada en 2006, y después de 15 años, lo único que todos saben es que su objetivo principal será abastecer de agua a la ciudad de León y presumiblemente a la Zona Metropolitana de Guadalajara, aunque el precio de esto será la inundación de las comunidades Acasico, Temacapulín y Palmarejo, así como la destrucción de más de ocho kilómetros de arbolado y más de cuatro mil 500 hectáreas de tierra utilizadas para la agricultura y ganadería.

Don Jacinto y doña María, parecen estar resignados a vivir con el temor de algún día despertar y estar bajo el agua, pues dicen que al vivir en un “pueblo fantasma”, nadie se daría cuenta de la cantidad de personas que podrían morir al bajarse la cortina.

“Unos dicen una cosa, otros dicen otra, pero a la hora que quieran, ellos le dan el sentón, no le hace que se mueran, porque es lo que están tratando de hacer”, dijo don Jacinto.

En el 2006, los gobernadores de Jalisco y Guanajuato, así como el titular de de la Comisión Nacional del Agua, anunciaron el proyecto, y aunque aún no definían la altura, la propuesta estaba entre los 80 o 105 metros, en ambas opciones, los pueblos quedarán bajo el agua.

Desde entonces comenzó una larga lucha, en el 2013 los pobladores de Temacapulín obtuvieron un amparo de la Suprema Corte de Justicia que impedía la construcción de la presa, sin embargo, también se ordenó mantener la pared de concreto a una altura máxima de 80 metros, con un límite de inundación para que este y los otros poblados continuaran existiendo. Con esto las obras quedaron detenidas, hasta que en junio del 2017 el gobierno estatal en funciones, anunció que retomarían la construcción, y la cortina de la presa tendría una altitud de 105 metros

Actualmente un filtro de seguridad con un vigilante privado impide el paso a la presa y los camiones de volteo con material para la obra de la presa no pasan por el lado de Temaca porque los vecinos los apedrean, tienen que ingresar por el lado de Yahualica. Los habitantes de Temacapulín observan desde lejos, expectantes, con preguntas sin respuestas, con la incertidumbre de que un día, cualquiera de estos, su pueblo, su historia, desaparezca, porque unos cuantos, así lo decidieron.

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